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Manuel Almendro (E)

Reflexión acerca del Congreso de Eurotas en Alemania.
Freiburg. Alemania. Septiembre 2007.

Si lo entendí bien en las primeras comunicaciones sobre este congreso se barajaba como tema “violencia interior- violencia exterior” y a uno se le venía a la memoria la crudeza de los telediarios de nuestros días. Poco después apareció el tema de “el perdón y la reconciliación” como enmendando la plana y pensé ¡bueno! no hay lugar para el perdón si no hay primero reconciliación; es decir, no hay gloria si previamente no hemos transformado el sufrimiento: causa-efecto de violencia, entre otras cosas. Claro que si nos acercamos al perdón sin haber transformado el sufrimiento caemos en el sueño de la new age.

Después de más de dos décadas en el movimiento transpersonal, en el contexto hispano-parlante (¡lo que no esta en inglés también existe!) percibo que a niveles intelectuales aún seguimos discutiendo demasiado, ya sabemos que el vuelo mental apenas tiene rozamiento y además lleva impreso nuestra firma y prestigio egoico. Y las discusiones siguen, como por ejemplo: experiencia si ó no, -la alterofilia espiritual está de moda-; salir ó no salir del sufrimiento; narcisismos ó samaritanismos; aceptar o rebelarse…y todo ello casi sin poder escaparnos del marco mercantil de occidente en donde la realidad sigue siendo materia mecánica rentable. Tengo la impresión de que en este momento –sobre todo en The Usa- estamos dando palos al agua. Ya que la mayoría de nuestras discusiones fueron puestas de manifiesto en la antigua Grecia, aunque necesariamente actualizadas por exigencias del presente: el territorio. Sabiendo que la esencia de éste es la vivencia incausada.

Probablemente el perdón no sirva de nada sin la mística de la sombra, la subida al monte Carmelo: Teresa, Juan, Jacob….. que tanto nos ablanda. El conocimiento sin corazón jamás llegará a la sabiduría. La máscara es la mas terrible de la sombras. Y efectivamente, uno acaba agradeciendo a la sombra (recordemos que el obstáculo es la palanca) el hecho de que la consciencia aguarda en la materia (Aurobindo). Siempre que no descarguemos nuestra “violencia interna” sobre un elemento genealógico o sobre la persona que tenemos más a mano, o sobre cualquier cosa. No hay por qué desesperarse. Un anciano chamán amazónico no dejaba de repetirme “¡Manuel! en esta vida hay dos clases de personas: unas son simientes y otras son abono”.

Siempre es posible ejercer un baile magistral sobre nuestra propia tumba ¡perdón!... sobre nuestro propio ego.

Manuel